Juventud ácida | Reseña de Ya no recuerdo qué quería ser de mayor

Juventud ácida | Reseña de Ya no recuerdo qué quería ser de mayor

«No crezcas, es una trampa».

Hace tan solo unos días llegaba a las estanterías de las librerías Ya no recuerdo que quería ser de mayor, una más que interesante recopilación de relatos publicada por Temas de hoy y en la que se juntan varias de las voces de nuestro país a las que ojalá sigamos leyendo durante muchos años. Nombres cuyos trabajos novelísticos, periodísticos, poéticos, editoriales o ensayísticos van mucho más allá de la quemada etiqueta millennial. María Bastarós, Lucía Baskarán, Alejandra Martínez de Miguel, Munir Hachemi, Andrea Gumes, Elisa Levi, Victor Parkas, Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez aportan un crisol de historias que cabalgan sobre la adolescencia desintegrada, el vértigo de la juventud o esa odisea, tan eléctrica como dolorosa, que implica hacerse mayor.

Atraviesan esta colección, como pequeñas agujas hipodérmicas, las cicatrices, problemas y sensaciones inherentes a nuestra generación, superpuestas como tatuajes de diferentes épocas coloreando un brazo. Brechas generacionales, amor, Tinder y otras drogas, futuro líquido, soledad aguda en tiempos de hiperconectividad, precariedad y cuentas bancarias apretadas, desencanto ante el progreso, desarraigo, nostalgia de la adolescencia en el pecho y otros yos, otras vidas, otras posibilidades, muriendo a cada segundo en el que tomamos una nueva decisión.

-What did you want to be when you were a kid?

Entre las páginas de este libro se suceden, cuan platos gourmet saboreados en una tasca de barrio, sabores tan variados como sus plumas. Un cóctel de violencia, deseo, libertad, ansiedad y expectativas que te hará recordar, inevitablemente, qué querías ser tú de mayor. ¿Cómo te han sentado los años que han cambiado las líneas de tu mano? ¿Te has paralizado por algún ataque de angustia momentánea? ¿Tu mundo se ha partido en dos al morirte de ganas por frotarte con otra piel en una discoteca? ¿Te has disociado de tu antiguo ser en una ciudad nueva? ¿Cuál es la identidad que proyectas en Internet? ¿Cuánta sangre derramarías por tus seres más queridos? ¿Qué fue de tus antiguos ideales?

Ya no recuerdo que quería ser de mayor
Ya no recuerdo que quería ser de mayor

Ya no recuerdo qué quería ser de mayor huele a veces a pólvora, otras a a casas cerradas, a resaca, a langostinos fríos, a plantas exóticas, a sexo mojado, a emoción en las tripas. Huele como huele el último chispazo de una noche de verano, como debe oler el fin del mundo en los brazos de tu amante. Huele a hierba fresca, a pasado muerto pero no bien enterrado, a serotonina y a la turbación que produce un mundo loco, rápido, que a veces queremos devorar a dos carrillos y que otras nos hace sentir pequeños como hormigas. Sabe a cubatas con tus amigas, sienta tan bien como masturbarte en un baño caro y marea tanto como un Orfidal mal mezclado con alcohol.

No pierdas ocasión de darte una vuelta por sus hojas. El agudo y arrebatador cinismo de Fantasmas, el trepidante viaje de Imperio custodiada por amor paternofilial a punta de pistola o la locura, tan desternillante como triste, de Estoy bien, gracias, pasando por la brutalidad y la ternura del autodescubrimiento en El ojeo, merecen de sobra la pena.

PD: No compres en Amazon ni en grandes superficies. ¡Con lo bonita y genial que es la librería de tu barrio!

Imagen de portada | Bernard Hermant en Unsplash

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