Pan, circo y aves carroñeras| Reseña de Carne de David Pascual

Reseña de Carne de David Pascual

Quien haya leído alguno de los libros de David Pascual —la punkísima Saber matar, la breve y explosiva Transirak, la maravillosa Gordo de Porcelana o la enigmática Dinosaurio— sabe que este valenciano tiene un brillo al escribir, como el de los ojos que dijo Lola Flores, que no se opera. Que no se compra ni se vende. Un algo decadente, de karaoke de invierno en Benidorm. Un humor endiabladamente peligroso, de chiste de humor negro que solo puedes contarles en bajito a tus amigos. Una imaginación desbordante como una metralleta, de Doraemon y de tortuga Ninja, de after al amanecer, de beber champán barato y jugar al cadáver exquisito. David Pascual escribe cosas oscuras y divertidas, cosas sórdidas y tiernas que se quedan brillando en la oscuridad, como los fuegos fatuos en los cementerios. Cosas muy vivas que se te meten dentro. Sus libros son como la solitaria: te siguen comiendo por dentro.

Su última novela es Carne (Colectivo Bruxista), tal vez la puerta de entrada más accesible para quienes todavía no se hayan lanzado a su universo alucinado y alucinante. Una historia con todos los ingredientes para despertar la curiosidad -la tuya, la mía, la del vecino, la de esa reportera carroñera de la tele-: años noventa, la desaparición de una niña camino de una discoteca, las canciones de Camilo Sexto, la apertura del primer Rodeo Burger. Los chismes de la taberna, los fantasmas del bosque. Y la pérdida de virginidad televisiva: el nacimiento de la telebasura.

Las piezas narrativas del puzle alrededor de la infeliz desaparecida -¿quién se atreve a llenar el hueco?- son muchas y te resonarán por dentro: platós con luces cegadoras y un público histérico entre la lágrima y la carcajada -bienvenidos a Las mañanas de Jesús-, alcaldes y farlopa a punta pala, mascotas olímpicas deprimidas, niñas-médium, maridos infieles, policías borrachas, bares de viejos, periodistas sin escrúpulos, madres tristes, amistades inesperadas. España. No estamos tan lejos todavía de los noventa.

Carne es una nueva genialidad de David Pascual. Deja que te lleve, como a esa masa enfurecida del plató, como esos funerales retransmitidos sin pudor por streaming en Telecinco o en Antena 3, como ese chisme del bar de abajo sobre el loco del pueblo. Atrévete a meterte en el bosque, y saldrás transformado. Porque como Esther García Llovet en la literatura o Joe Crepúsculo en la música, David Pascual hace algo que nadie más sabe hacer, algo mágico y aterrador que te descoloca por dentro y te deja, resacosa y llena de sangre y confeti, buscando las huellas dactilares y los restos de vísceras cuando ya ha salido el sol.

Imagen | Damáris Gonçalves en Unsplash

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