Carreteras secundarias contra el olvido | Ama de José Ignacio Carnero

Ama de José Ignacio Carnero

Más que una novela, Ama es un álbum que cambia las fotos por palabras. Uno donde el salón tiene muebles viejos y normales y no parece un Airbnb, uno que huele a polvo, a lejía, a puchero y a beso de buenos días, a enfermedad, a lucha y a melancolía a esa otra orilla del Nervión. A hacerse mayor de golpe y a lidiar con lo efímero de la carne, con la identidad construida a jirones y la conciencia de clase. Ama es el fruto literario de la experiencia de José Ignacio Carnero publicado por Caballo de Troya, un autor que narra retazos de su propia vida a partir del diagnóstico de un cáncer terminal a su madre, la palabra en euskera que, junto con la tercera persona del nombre amar, da nombre al libro. Del volcado del dolor al papel nace una novela deslumbrante.

Ama es un libro triste, cómo no serlo si una madre es el primer lugar que habitamos en el mundo, la primera persona que da sentido a todo lo cotidiano, quién nos conoce a fondo incluso a kilómetros de distancia, a través de cualquier escueta llamada telefónica, cuando ya hemos abandonado nuestra cáscara de niños y nos hemos lanzado al mundo, a grandes urbes, a nuevos amores, a viejos disgustos. Cuando nos hemos disfrazado con trajes y cogemos aviones como caramelos. Ama es una obra tan desnuda y cruda, y a la vez tan poco pretenciosa en sus formas, que zambullirse a ella es como asomarse a un diario íntimo. A ratos es puñetazo en el pecho y a otras alivio, porque nos enseña que la memoria es la única aspirina para el olvido cuando alguien tan cercano se marchita, llevándose una cascada de recuerdos consigo. Ama también es terrenal y palpable, porque la muerte puede llegar dejando a medias un libro de Terelu Campos o entristeciendo una cita de Tinder. Porque la muerte es una putada muy gorda.

José Ignacio Carnero le pone voz, sin pretenderlo quizás, a una generación entera de madres silenciosas, abnegadas, generosas, listas como ellas solas, absolutamente entregadas a la felicidad futura de sus hijos, a su lucha incansable para que puedan escapar del barrio, matricularse en una universidad de prestigio, volar alto, muy alto, ahorrar cada euro para el máster, abrazarlos por encima de su ropa cara en festivos y fiestas de guardar, cuando regresen. Ama es un retrato de todas esas familias de rodillas desgastadas, de la clase obrera madrugando y peleando para que sus larvas se convirtieran en mariposas., sudando cada día sin pedir nada a cambio.

Ama habla de duelo, pero de muchísimas cosas más. De quiénes somos y en quién nos convertimos lejos de nuestros lugares. De cambiar y regresar para comprobar lo que ha cambiado. Del amor y el sexo en los tiempos de las aplicaciones. De perderse por carreteras secundarias que ya no desgastan los camiones. De la ternura que sucede a las personas que se van. De curación y viajes. De precariedad y alivio. Por todo eso es una novela redonda, humilde y preciosa. Una obra que brillará dentro de muchísimos años muy alto, como las luces de los Altos Hornos extrañando Portugalete desde alguna lejana ciudad alemana.

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Imagen de portada | Joxean Koret

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