Mis heroínas salvajes | Reseña de Mala Estrella de Julia Viejo

Reseña de Mala estrella de Julia Viejo

El secreto está en la salsa

Tomates verdes fritos

Cuando echo la vista atrás hacia esa infancia que parecía que no se iba a acabar nunca, siempre se me vienen a la mente esas heroínas salvajes. Las mías, pero seguro que las de muchas otras. Niñas y chicas bravas e indomables, atrevidas, mordaces, microbios con desparpajo, ajenas a las modas de su época, de imaginación brillante, de convicciones férreas, de verborrea luminosa. Chavalitas solitarias y valientes, bichas y embaucadoras, un poquito insolentes, con su pluma alegre, con la cabeza siempre en otros mundos, ávidas de aventuras cotidianas, detectives de su entorno, sospechosas de lo aburrido de hacerse mayor, de que crecer es una trampa. Niñas punkis y niñas marimacho. Niñas escritoras y niñas pirata. Niñas con mercromina en las rodillas y sueños como caballos dentro de la barriga. La inolvidable Vada Saltenfus, todo dulzura, sorna e hipocondría después de criarse huérfana en una funeraria. Jo de Mujercitas, y Jo de los Cinco, dos almas libres a las que quería parecerme entre manuscritos y tesoros. Antoñita la Fantástica y sus pájaros en la cabeza. Ana de las Tejas Verdes revolucionando Avonlea. Spinelli siendo la reina del patio con su gorrito. Matilda comiéndose los libros y haciendo volar las tortitas, Pippi Calzaslargas haciendo galletas en el suelo, Punky Brewster y todos sus amigos chiflados. Las hermanas tan opuestas que soñaban con un bate y un guante de béisbol en Ellas dan el golpe. La alocada Pepper Ann en patines debatiendo consigo misma en los espejos, Idgie Threadgoode encantando a las abejas, jugando al póker y colándose en los trenes nocturnos de Alabama. Y Celia, que soñaba con ser mártir, hada, santa y escritora.

A mis heroínas salvajes, que he releído y visto en la pantalla decenas y decenas de veces, como si las llegase a conocer en carne y hueso, se suman de vez en cuando -en esta vida adulta donde sigo visitando Whistle Stop o Villa Kunterbunt- algunas nuevas incorporaciones. Vera, la protagonista de Mala Estrella es uno de esos fichajes. Es la primera novela de Julia Viejo después de ese puñado de relatos fascinantes, surrealistas y tiernos titulado En la celda había una luciérnaga -también publicada por Blackie Books– y está protagonizada por una ¿niña? ¿chica? de 13 años en un verano que borbotea. La vida se ha torcido, el futuro es incierto, los meses se hacen eternos y un extraño hombre vestido de monja que va en bicicleta se convierte en su amigo. Será un verano de descubrimientos y de vuelcos, de fuego y de nostalgia, de amistades raras, de enfadarse con el pasado, con el presente y con el futuro, y de ganas de gritar muy fuerte. De echar de menos a su madre, recluida en el Colegio, y de desobedecer un poco para obedecer a su pellejo.

Vera confirma todas mis teorías: que las niñas son más listas que los adultos, que ese espacio en tierra de nadie al empezar la adolescencia es un campo de minas pero también un cofre del tesoro, que la intuición puede convertirse en cualquier cosa si sabes como escucharla, y que los veranos en los que no debería pasar nada son el mejor momento para que pase de todo.

Como toda novela genial, Mala Estrella habla de las cosas importantes, pero desde una óptica fresca, inocente y deslenguada. La familia, la locura, la traición, el descubrimiento del sexo, el deseo, la escritura, la muerte y el cambio. Y lo hace entre señoras que no terminan de morirse, pilas de muebles, escondrijos secretos, bocadillos de queso, madres metálicas, cuentos llenos de puertas, ataques de risa, notas envenenadas, fotos reveladoras, ponches mágicos, estatuas mancas, amigas especiales, besos furtivos. Y sobre todo, desde la libertad de un personaje que escucha a su interior, que siente esa extrañeza paralizante ante el mundo de los adultos, que es arrebato, tristeza, rabia e insolencia. Otra niña pájaro. Otra chica que desoyó el camino normal y se fue por un sendero ensortijado. Otra de las nuestras.

Odio la expresión coming of age que tanto gusta en el cine. Este no es un libro sobre hacerse mayor. Es un libro sobre Vera y su mala estrella, su viaje, sus amigas, sus pálpitos y su hombre-monja. Mis heroínas salvajes la invitan a su fiesta, seguro. Hay bates de béisbol, le abrirán la puerta un mono y un caballo y le pondrán un jersey gigante de rayas de colores. Hay cordial de frambuesa, fresquiladas, una chimenea que chisporrotea, un cuento de Barba Azul, anillos del humor, sombra azul para todas, patos que se llevaron un lago un noviembre helado a algún lugar de Georgia, libros hasta el techo y por supuesto, tomates verdes fritos. ¿Qué podría salir mal?

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