La vida corriente | Reseña de La conformista de Alba Dedeu

Reseña La conformista

Teníamos veintisiete años y estábamos obnubilados por la inmensidad del mundo que habíamos creado

Jane Smiley

Todo el mundo juega a eso, ¿no? A estirar los y sis, a imaginar en la pantalla de su cabeza todas esas vidas no vividas, que flotan como bebés en el limbo, en el magma oscuro, viscoso y caliente de todas las cosas que no han nacido. ¿Y si no hubiese conocido a esa persona? ¿Y si ese día me hubiese quedado en casa? ¿Y si la charcutería hubiese estado cerrada? ¿Y si nos hubiésemos mudado a otro barrio?

La conformista, que apenas rebasa las 100 páginas y primera novela de la catalana Alba Dedeu tras sus dos alabadas colecciones de cuentos, condensa, parece mentira en tan poco espacio, una vida entera. Una radiografía del desencanto y de la incertidumbre vital -también del exceso de certidumbre, de la asfixia de lo cotidiano-, de la rutina laboral y de la jaula del barrio, del ¿la vida solamente era esto? cuando acaba el día y cerramos la persiana.

Eva es una mujer joven que con Pere, su marido, vende pollos al ast en el extrarradio de Barcelona. Llega a casa oliendo a fritanga y con el maquillaje emborronado, preguntándose si sus días podrían haber sido otros. En el medio hijas y madres, madres e hijas, catecismo e hipotecas, tonteos y vacaciones, fogonazos de deseo y tardes de vacío, ilusiones secretas y disgustos que pican, enfermedades y alegrías cotidianas luminosas, como mirlos que anuncian la primavera en los árboles. La edad del desconsuelo y la edad del consuelo.

Eva eres tú, soy yo: es el ejemplo del tedio de cualquiera y también de la felicidad y de las angustias que sobrevuelan cualquier vida corriente. El resto de los personajes pueden ser tu novio, tu madre, tus hijas. Con sus torpezas, sus ilusiones centelleantes, su mala suerte, sus resbalones. Su ilusión y su pequeñez, la inmensa pequeñez y diminuta inmensidad de cualquier existencia de a pie. Me ha encantado La conformista porque te quedas pensando en ella, fantaseando en su historia, alargando sus conflictos, soñando despierta, extendiendo hacia el futuro la maraña de decisiones, como sofisticadas hormigas, que determinan el curso de toda una vida.

Imagen de portada | Tomás Castelazo/Wikimedia Commons

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