Millennial kamikaze | Reseña de Brillo de Raven Leilani

Millennial kamikaze | Reseña de Brillo de Raven Leilani

«Y me paso el resto del día pensando en eso, con el estómago revuelto, el césped ebrio y alcalino, el vinagre en el vino y la masacre en el rocío; el perfume de cosas que quieren vivir impregnándolo todo»

Brillo, de Raven Leilani

No solo relucen su título y su portada, magnética como un espejo. Brillo, la primera novela de Raven Leilani que llega a España de la mano de Blackie Books tras un éxito fulgurante de crítica y ventas, también brilla por dentro.

La comprenderás mejor que nadie si eres de las nuestras, de la generación millennial, ahogada de prisa, contaminación y desencanto; hija bastarda de Internet y del amor líquido, regateando la risa y el placer en jornadas eternas y trabajos de mierda, groleando alcohol y pidiendo a gritos algún narcótico que tapone las ganas de hacerlo todo trizas. Sin embargo, te encantará aunque seas todavía más joven, adolescente pandémica, madre o padre, viejoven o desertor de la primera juventud. Porque es una novela para entender cómo son hoy nuestras entrañas.

Leilani tiene sorna y desparpajo, escribe como los ángeles y mete todo lo necesario en su coctelera para que te tragues sin dejar gota su elixir de juventud agridulce y estalle en ti una bomba molotov. Ofrece una mirada del mundo fresca y eléctrica, algo que se te mete por los poros, una rabia merecida, una insolencia que la literatura debería celebrar. Pasar de la risa al llanto y viceversa es una espiral en esta historia.

Sin spoiler, su protagonista es Edie, una joven afroamericana de 23 años que tiene un affaire con Eric, un hombre blanco casado de 41. El hogar no se rompe. Su matrimonio privilegiado no se romperá, sino que la protagonista tendrá ocasión de inmiscuirse en el hogar y palpar las grietas de una familia, regalándonos con su personalísima voz cómo es tener 23 años hoy en día. Y, demonios, vaya sí es difícil.

¿Por el medio? Heridas de vidas anteriores, una ciudad loca que engulle como un monstruo y bate como una pinipimer a la juventud, pisos que se caen a trozos, precariedad asfixiante, parches de fentalino, muertos que no pueden guardar secretos ante el bisturí de la mesa forense, deseos revueltos, oscuros, viscosos, infancia incomprendida, recuerdos calcificados, abismos insondables, una pizca de placer y un saco de dolor, a veces al revés. También pintura a chorros, secretos mal guardados, miradas coloniales, racismo encubierto, maternidades inquietas, algo de sexo, futuro inflamable y unas gotitas de cinismo. Espolvoree un poco de angustia existencial, salpique con la ironía más oscura, sazone con impulsividad al gusto, y cómaselo caliente. No dejará ni una miga de Brillo en el plato. Absténganse detractores del picante.

Imagen de portada | Kampus Production en Pexels

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *