Arrugas, saudade y un Volvo | Reseña de Peregrinas de Joaquín Berges

Peregrinas de Joaquín Berges

Nunca se equivoca el refranero popular, ese que dice que «quien tuvo retuvo» -aplíquese a talento, ilusiones, mala leche, alegría, una espinita clavada- , que «o que garda sempre ten», que «la esperanza es lo último que se pierde». Eso parecen pensar las tres protagonistas octogenarias y tan distintas de Peregrinas, la nueva y luminosa novela de Joaquín Berges publicada en España por la editorial Tusquets. Una suerte de Camino de Santiago enrevesado y al revés, en el verano del confinamiento y con muchas canas, pastillas, baches y mapas, poco dinero, bastante suerte y mucho morro. Una luz al final del túnel.

Peregrinas es desde el principio una obra divertida, emotiva y radiante, un chute de la ternura que tanta falta nos hace en estos tiempos de fatiga y tedio perpetuo, de enclaustramiento domiciliario y miedo televisado, de jóvenes paralizados y ancianos tristes. Si quieres reír y llorar y emocionarte como lo hiciste con Locas de alegría o Thelma y Louise aquí tienes una road movie castiza con todos los ingredientes para volar del sofá a un viejo Volvo 850 y cumplir sueños polvorientos, volver a sentir la sangre dorada galopar, caminar hacia el lugar donde podremos sentirnos más vivas y ligeras, desenterrar las ilusiones de la juventud, aprovechando eso de que «aínda ronca o porco» o «que para lo que nos queda en el convento», ya se sabe…

Dorita, Fina y Carmen son sus tres protagonistas, mujeres octogenarias acompañadas de Julio, un viejo conocido misterioso, entrañable y gruñón. Cada una de ellas tiene sus motivos para escapar de la residencia de ancianos donde viven en el verano de 2020, el año que cambió el mundo, cuando el encierro y la tristeza pasaron a ser patrimonio de la humanidad, condenando a la claustrofobia y al aislamiento especialmente a los mayores.

Pero ellas, ni de guasa. Con el peregrinaje compostelano como excusa, parten camino a Tarragona, donde Dorita tiene cuentas pendientes. Fina, que tiene un principio de demencia, no sabe que ponen rumbo al Mediterráneo, sino que sigue las notas del diario de su padre y anhela poder besar el suelo de la plaza del Obradoiro. Carmen, antigua costurera, aficionada a empinar el codo y de carácter rabexo por los palos de la vida, también tiene heridas que remendar.

Peregrinas/Imagen propia

Desde atracos a desastres, de despedidas a reencuentros, Peregrinas escarba en el pasado mientras narra la aventura singular de un verano distinto a todos. Por el camino, como yendo hacia la Ciudad Santa, también nos pone a prueba, nos bendice con la risa y nos recuerda que somos polvo, memoria y a veces, una pizca de libertad. Tú también lo cerrarás más loca de alegría que de costumbre.

Imagen de portada | Xaime Cortizo para Turismo de Santiago.

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