Pueblo, pluma y cicatrices| Reseña de El Power Ranger rosa de Christo Casas

El Power Ranger rosa de Christo Casas

Yo soy hombre porque tú me nombras.
Si tuviera un cuchillo, sin embargo,
partiría mi cuerpo en dos como un pescado
y cogería tu mano para llevarte
a los lugares más fríos y más íntimos de mi interior.
¿Te sorprendería
ese corazón helado y hueco
que imagina el calor de tus manos?
¿Ese cuerpo de hombre muerto,
aún por construir?

Ángelo Nestore

Con cada nuevo Asterisco de su colección, Niños gratis nos sorprende con una novela breve, original y cargada de posos que se nos quedan bien adentro del corazón, patitas largas con semillas que germinan en el cerebro. La última joya en llegar a estos artefactos queer tamaño catecismo ha sido El Power Ranger rosa, primera obra de Christo Casas.

Este relato alterna el Berlín actual donde un joven sobrevive a la precariedad, sortea la gentrificación de una ciudad comida por el turismo y aliña su vida con citas de Grindr con los recuerdos de una infancia afilada en su pueblo natal, cuando su pluma era castigada con burlas e incomprensión y el resto de niños lo apodaban como su viejo juguete, el Power ranger que nadie quiere ser, el rosa, el raro, el bujarra, el otro. Y a su vez, el protagonista escarba en sus raíces desentrañando el pasado de su abuela, su fiel confidente, cuyas memorias y anécdotas tiene a mano en una grabadora. Sus palabras son como líneas de la mano que crecen por debajo de la tierra, uniéndose con la suya. Ella también tuvo que emigrar para trabajar, enfrentarse a sus demonios y aprender a buscar el placer entre el dolor. Ninguna generación lo ha tenido fácil.

El Power Ranger rosa es rabiosamente actual, una historia viva de incertidumbre, conciencia de clase y orgullo marica, que no romantiza la pobreza sino que pone el foco en cómo nos marca el lugar donde crecemos, el dinero de nuestras familias, las oportunidades. Y cómo la juventud se enfrenta a un mundo en llamas, con cimientos hechos aspirina, trabajos basura, alquileres manejados por avariciosos caseros, capitalismo gore, cuerpos de usar y tirar, el neoliberalismo metido hasta la cocina, hasta en las aplicaciones del móvil.

Su longitud breve no le resta peso, y El Power Ranger rosa, lúcido, divertido, tan de los que nacimos alrededor del noventa, enfadado y un poco nostálgico de lo analógico, lumpen y un poco perdido, crudo y a la vez luminoso, nos ofrece una maravillosa epifanía de bolsillo, una pomada para las heridas de todos esos niños que tuvieron, o fueron, ese Power Ranger rosa. Un mirar atrás y a la vez adelante, desde una infancia entre miradas de soslayo, secretos afilados y minas a punto de explotar a un futuro a veces tembloroso pero donde bailar Britney Spears hasta que el cuerpo aguante y el sol nos emborrone el rimmel. Y por el camino, la mano tendida de una abuela que es una linterna en un mundo a oscuras.

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