Resaca del sueño americano | Reseña de Dendritas de Kallia Papadaki

Dendritas

De novelas como Dendritas, un tesoro editorial de la griega Kallia Papadaki editado con gusto exquisito en nuestro país por Automática Editorial, una aprende hasta que punto la felicidad se convierte en un destello intermitente y anecdótico y el fracaso una losa a cargar según el dinero, la prosperidad y la suerte que entran en juego en cada árbol genealógico. Entre versos embriagadores de Walt Whitman y de Nick Virgilio la autora alterna y dibuja el devenir de una familia griega desde que Andonis Cambanis pisa la ciudad estadounidense de Candem en los prósperos roaring twenties hasta la incertidumbre de los grisáceos ochenta. Sueños despedazados por los rodillos de la industria, barrios asolados por la delincuencia, una burbuja económica dorada y rota y las costuras de una familia que se deshilacha. En la época más inmediata, la familia Cambanis acogerá a la pequeña Minnie, compañera de colegio de su hija Litó, tras el fallecimiento súbito de su madre; abriendo viejas cicatrices, nostalgias al otro lado del charco y alguna que otra promesa sin cumplir.

Dendritas es una novela enmarañada, por cuyos tentáculos se deslizan el fracaso y la esperanza, la depresión y la pobreza, el alcoholismo y el sentimiento de pertenencia en una sociedad rota y desigual, donde las luces de los rascacielos imponentes tapan la suciedad y la miseria de los barrios más pobres. Con el paso de las páginas se agolpan sensaciones, triunfos truncados, cajas torácicas que quieren volar a lugares mejores y búsqueda de sentido entre matrimonios asimétricos, violencia cotidiana, sensación de exclusión, diners destartalados y venidos a menos, codos empinados y lenguas de vodka, niñas que abandonan la piel vieja de la infancia y sueñan con otras ciudades o con no ser nadie, volverse invisibles ante el dedo que las apunta.

Dendritas va de las nuevas vidas que sus protagonistas empiezan. De las muertes y vidas dentro de esas existencias fieras, de las flores que crecen en las grietas, de la desesperación que viaja por las venas ante la derrota y los atisbos de esperanza que flotan por la sangre. Su regusto es pesimista, implacable y melancólico, una crónica de las injusticias y de las triquiñuelas, de buscar un lugar al que llamar casa, de conservar la dignidad a pesar de todo. Con ella Kallia Papadaki, galardonada con el Premio Europeo de Literatura, encuentra la belleza en lo anodino, en los barrios más grises, en las existencias singulares tras las manos cansadas de trabajar. En las almas que buscan cruzar el río Delaware y ver las luces de Filadelfia, o atravesar de nuevo el océano y palpar el hogar.

Imagen de portada | Geoff Livingston/Flickr

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *