El informe de los ojos brillando | Un poema de Karim Chergui

Hoy en Poetizando hablamos del autor Karim Chergui

Entre los poetas de bar que vomitan sus angustias y pensamientos entre penumbra y cervezas, hoy toca que el genial Karim Chergui visite nuestra sección Poetizando. Este profesor de Ciencias Políticas y de Sociología es un asiduo de los emblemáticos locales madrileños que programan recitales, como el Aleatorio o Diablos Azules.

Este madrileño ha apostado por la autoedición para que viesen la luz sus tres poemarios, titulados La Nadia que no veis, Jacques y el mar y Blanca es la ausencia. También podéis disfrutar de sus versos en su blog. Sus versos libres como pájaros nos rescatan sensaciones ligadas a la ilusión, la pérdida, los conflictos emocionales, el amor y la ausencia, la muerte y la esperanza. Como pequeñas diapositivas llenadas de vida, revolucionarán tu rutina cotidiana. Karim Chergui es mágico, asómate aquí.

Un poema de Karim Chergui

Por culpa nuestra, niña, ilegalizarán la felicidad.
Cuando nos vean pasar cogidos de la mano
la policía secreta emitirá el informe de los ojos brillando.
Tenían los ojos brillando, dirá,
a pesar de ser de noche,
a pesar de estar nublado,
a pesar de no tener nada.
Revisamos sus cuentas bancarias, Inspector Jefe,
y descubrimos que por capital
sólo tenían un tatuaje de golondrinas en sus ojos.
Ni un euro, mi Inspector Jefe,
tan sólo los ojos volando
hasta bailar para alumbrar el camino.
Por eso no necesitan farolas por la noche.
Se mueven por las calles oscuras
como quienes conocen los rincones ocultos
del corazón del otro,
y se paran en cada esquina
para recordarse con las manos hablando lo indecible
y luego siguen andando
como si nada
y en sus ojos el brillo multiplicado
por toneladas de girasoles,
tanto brillo en sus ojos que cegaban
el ritmo cierto de los coches
viniendo de frente,
y hasta uno de ellos
se estrelló contra un árbol.
Son peligrosos, Inspector Jefe.
Deberíamos detenerlos.
Lo del coche accidentado es lo de menos,
pero sus ojos, mi Inspector Jefe, sus ojos.
Pronto podría correrse la voz
de que la felicidad es posible,
de que no hay por qué conformarse
simplemente con sobrevivir,
aprender a respirar azufre,
conformarse con flotar a la deriva
simplemente porque flotar es no ahogarse
aunque uno no llegue a ninguna orilla.
Pronto podría extenderse el rumor
de que tenemos derecho a buscar a encontrar
a esa persona que rellena con plumas de avestruz
el hueco infinito que hay entre tus costillas
hasta que tus ojos brillan
como ojos de feria.

Karim Chergui

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