Cuentos, expiación y lencería

Sara Mesa Cicatriz Literaturbia

La mentira es esencial porque la verdad es incomunicable, Proust.

Ay, la dualidad humana. ¿Esconden mejor las nuevas tecnologías nuestros defectos, agazapados tras las pantalla y el teclado, mientras nuestros cuerpos, ansiosos de encontrar compañía en la soledad remota de la red, se entregan a la intuición de charlar con un ente desconocido, resumir los pálpitos, adivinar las segundas intenciones, localizar las mentiras?

Cicatriz es la cuarta novela de la sevillana Sara Mesa (1976), tras El trepanador de cerebros (2010), Un incendio invisible (2011) y Cuatro por cuatro (2013), Finalista del Premio Herralde de Novela en 2013. Publicada por la editorial Anagrama, esta obra bucea mediante constantes saltos temporales en la extraña y disfuncional relación que mantienen Sonia y Knut, dos jóvenes que se conocieron a través de un foro literario. Lo que comienza en curiosidad, ansia de evadir la soledad e intercambian comentarios acerca de las obras de Nabokov, Cheever o Faulkner, deriva enseguida en una estrecha conexión salpicada por las exigencias, inquietudes, celos o desagravios de las relaciones físicas y simultáneas.

Knut vive con sus padres, se opone con ahínco al capitalismo, a la familia y al trabajo, dedica su vida a la lectura y roba en centros comerciales con astucia y pericia toda clase de objetos, desde novelas a poemarios, calzado y perfumes caros sin rastro de culpabilidad. Sonia tiene un trabajo desangelado, talento para escribir, y una personalidad que huye del conflicto. Ambivalentes, temerosos y ansiosos de intercambiar sensaciones vitales y percepciones del mundo, los dos únicos protagonistas de esta magnética pieza narrativa comienzan a labrar un intrincado sendero de amistad, tensión sexual, rencor y dependencia, materializando que la senda cibernética puede sentar las bases de una relación tóxica tanto como los métodos de socialización de toda la vida.

Sara Mesa tiene una concisión verbal que abruma, una rotundidad en sus palabras que despierta el hambre de cualquier lector amante de los buenos personajes, aquellos más dispuestos a ser odiados que queridos, incomprendidos que inductores de empatía. Sonia y Knut son los dos reversos de una misma moneda, dos cuerpos inconformes con muchas de las cosas que reinan en sus vidas, que reaccionan a las respuestas del otro como animales heridos, seres humanos que transparentan su acusada sensación de soledad, sus carencias emocionales, sus antagónicas miradas a la hora de contemplar el mundo, el sexo, la literatura o la vida.

A pesar de ser una novela corta, Cicatriz aborda multitud de temas con una claridad asombrosa y una capacidad punzante de autocuestionarnos la perspetiva que tenemos de ellas. Sara Mesa ahonda en la bipolaridad de la existencia, el dualismo que persiste en casi todo: el binomio atracción/repulsión del sexo, el sadismo de dañar al otro acompañado de las ansias brutales de redención, la obsesión sentimental aparejada con el rechazo, la soledad y la búsqueda de pilares en los que sostenerse, la virginidad y la depravación, el deseo de acumular objetos y la sátira contra un capitalismo cada vez más descarnado y corrosivo. El placer de la literatura como subterfugio, el rechazo de la sociedad como instancia opresora o la añoranza de la infancia como único lugar seguro al que regresar son las patas de la mesa de esta carismática y recomendabilísima obra, donde fugacidad, carnalidad, dependencia y miedo se revuelven constantemente bajo la piel de los personajes. Y Sara Mesa, todo un talento literario para ser descubierto.

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