Inocencia interrumpida

La promoción del 49 Literaturbia

Despedirse de la adolescencia, renunciar a la infancia, hacerse mayor. Las primeras latas de cerveza, los primeros ataques de tos a golpe de cigarrillos, la inminencia de la guerra, los embarazos no deseados, la Universidad inminente, la separación de la membrana que te une a las personas con las que has crecido, el futuro que ya llega, sin avisar, por la rendija de un verano, por el aparcamiento de los árboles de Navidad, por la tinta todavía fresca en los últimos exámenes del instituto. En La promoción del 49, brillante novela de ficción acuñada por el californiano Don Carpenter en 1985 -y reeditada en España por la editorial Gallo Nero– radiografía con nostalgia y deliciosa ironía una generación de muchachos y muchachas de Portland a punto de convertirse en adultos, enfrentados al contexto bélico que se avecina y repletos de sueños, esperanzas y frustraciones.

La promoción del 49 es un libro delicioso, casi a modo de colección de relatos unidos por el alambre generacional y las conexiones entre personajes, una novela coral y fragmentada que logra removernos el corazón con sus pequeñas historias donde se dan cita el desasosiego, la fatalidad, los impulsos y la melancolía. De la mano de un lenguaje deslumbrante conocemos las derrotas y victorias cotidianas de Clyde Marriman, Mike Maloney, Lew Heller, Sissy Rysdaal, Anne Tressman, o Janet Satterlee. Fotografías literarias vistas en retrospectiva, como si desempolvásemos un antiguo anuario escolar, repleto de miradas brillantes o bruscas, sonrisas polvorientas y manos en los bolsillos de los uniformes. En 24 capítulos, Don Carpenter desgrana la rutina y los cambios que se suceden en las existencias de los jóvenes alumnos del instituto Adams, el mismo donde estudió el actor, aunque la novela no es autobiográfica. Con cierto distanciamiento narrativo, el autor habla desde otro futuro, desde el recuerdo lejano, como si el pasado se tratase de una nebulosa, con sus decisiones irreversibles, sus rumbos inauditos y sus memorias entrañables.

Abundan las elipsis, los diálogos, los pensamientos dispersos a modo de pinceladas escuetas pero precisas, en el acertado intento de describir la angustia social, los conflictos familiares, la soledad, el descubrimiento del sexo o los lazos de amistad. Dueño de una pluma privilegiada, Don Carpenter supo detener esa década en la tinta, salpicada de agitados bailes de instituto, tragos de alcohol, fraternidades, besos robados y pérdidas de virginidad. Un aura de morriña, desencanto y pesimismo se respira bajo las experiencias de estos chavales, descarados y soñadores, temerosos e intrépidos, arrojados al vértigo de la vida, mientras la muerte se relame a la vuelta de las esquinas, bajo esas gotas de la maldita lluvia de Portland que todo mojaba y todo estropeaba.

La promoción del 49 es un libro fantástico abierto a la interpretación, a las connotaciones y sentimientos personales que queramos darle. Una amalgama de problemas y cicatrices que hacemos inevitablemente nuestros. Mientras paseamos por las vidas de estos adolescentes, también nosotros perdemos la inocencia, sonreímos despacio, nos entristecemos hasta palidecer, cambiamos el vinilo, apagamos otro cigarro y qué coño, maldecimos habernos hecho tan mayores tan rápidamente.

NOTA: 8 de 10

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