No lo verás hasta que no lo creas
Pintada inesperada al lado de casa, «El mal del chamán»
Hacerse mayor hace pupa, es confuso, algunas veces resulta divertídisimo y otras es descorazonador. Hay que tomar decisiones todo el tiempo como en los libros de Elige tu propia aventura, desbloquear las rarezas familiares veladas en la infancia, cazar al vuelo los momentos preciosos como una vieja Leica, seguir los cablecitos del deseo a ver a donde llevan, reírse y llorar, surfear el misterio, despedirse de los pellejos de una misma. De todo esto va El ataque de las cabras (Literatura Random House) la primera novela de Laura Chivite después de su libro de relatos Gente que ríe. Su protagonista se reencuentra con la peculiar Tía Lidia en una cafetería de Madrid, y echa la vista atrás a los dos años en los que convivió con ella en su enigmático piso de Pamplona, en esos años porosos entre la adolescencia y la universidad, l’âge atomique.
El ataque de las cabras te hechizará por completo: es envolvente y ácido, tierno y melancólico, un escalofrío efervescente -como aquella golosina de los noventa- que se deshace en tu boca recordándote esas cosas aterradoras y maravillosas de la primera juventud: desconcierto, curiosidad, angustia y asombro. El brillo que nos empuja a seguir buscando quienes somos.
En la búsqueda de la identidad de la protagonista hay un poco de todo: cervatillos, telequinesis, kintsugi, fiestas, gatos amigos, chupitos de sangre, vecinos inmortales y abuelas bravas. Y en medio y como fábula disfrutona, las aventuras descacharrantes de una cabra insolente narradas por Tía Lidia. Una especie de Esopo para chicas perdidas con ganas de comerse el mundo. Porque en esta madeja de rarezas familiares, súbitas desapariciones, platos que vuelan y amores agridulces, lo más importante es el poder de las buenas historias.
El ataque de las cabras te sacará muchas sonrisas y te dará ese dolorcito de barriga que tenías después de soplar las velas de cumpleaños. Como una Matilda punk, un documental de cabras extasiadas después de beber demasiada cerveza, una excursión al pasado con una Polaroid y los ojos muy abiertos en busca de las criaturas mágicas que están entre nosotros, también te instará a ti a encontrar todo lo maravilloso que acecha tras la normalidad.