Heridas a la brasa | Reseña de Peach, de Emma Glass

Reseña de Peach, de Emma Glass

«A todo cerdo le llega su San Martín»

Proverbio popular

Si describir el horror metiéndose en su epicentro mismo no resulta nada fácil, menos lo es traspasar el límite de las palabras y llegar a los sentidos, lograr que la persona de enfrente olisquee el sabor a venganza, pruebe lo putrefacto de la amargura, experimente cómo arde la rabia en los intestinos. Peach es la primera novela de Emma Glass, publicada en España por Sexto Piso y que esboza un relato onírico en primera persona del horror y sus tentáculos, de una adolescente que tras ser atravesada por la violencia busca la redención.

¿Cómo liberarse del dolor cuando este parece haberse anidado en la barriga? ¿Cómo desprenderse de la vergüenza, indigesta como una barbacoa en mal estado? ¿Cómo reconquistar el propio cuerpo cuando el miedo te ha clavado miles de agujas por debajo de la piel?

Emma Glass no solamente sorprende en su debut por su estilo perspicaz e irónico, a velocidad casi de taquígrafo, su crudeza directa, cuan bala disparada desde el mismo trauma, o por su originalidad extrema -recorrer sus páginas casi parece una pesadilla, un viaje sinestésico entre puntos de sutura y vomitivos efluvios de carne grasa-, sino que Peach es capaz de tocar la fibra sensible y redimir, de asquear y enfurecer, de liberar y hacer reír con virulencia, con su negra comicidad y su metáfora de la violencia.

Esta novela te volará los sesos, te hinchará la barriga y hervirá tu sangre. La leerás de corrido y se fundirá en tus manos, como una bengala. No hay otra manera de sacudirse el dolor que a través del cuerpo, algo que Emma Glass ha hecho maravillosamente en esta fábula poética, visual y descarnada sobre el terror sexual. Hitchcock también se hubiese enamorado de esta novela, tanto como de los mejores cuentos de suspense de Roald Dahl.

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