Nuestra venganza será la alegría | Reseña de Lectura fácil, de Cristina Morales

Lectura fácil

Las coprotagonistas de Lectura fácil, la bomba transmutada en libro de Cristina Morales (1985) que se ha llevado el Premio Herralde de Novela 2018 y ha sido publicado por la editorial Anagrama son cuatro: Nati, Patri, Marga y Àngels. Son familia, se han pasado gran parte de su vida RUDIS y CRUDIS -residencias urbanas y rurales para personas con discapacidad- y comparten el vector de la diversidad. Un eje que el capitalismo sigue utilizando para encapsular a las personas en productivas o improductivas, esparcir moralina en forma de pastillas, inyecciones, bofetadas o esterilizaciones, aplastar o anular toda ráfaga de celebración vital o sexual y dirigir a control remoto los cuerpos ajenos.

Esta es una historia de disidencia. De ternura brutal y alianzas picarescas en una Barcelona vertiginosa en la que tienen la posibilidad de vivir en un piso tutelado; la urbe de la PAH y los okupas frente al Airbnb y el turismo masivo, los ateneos anarquistas y los coletazos de las resistencias de barrio frente a la gentrificación y la precariedad en tiempos de Deliveroo y Uber, los fanzines autogestionados y el placer sexual rebelde en un mundo dominado por el arte de pago y la caspa institucional. Estas primas, cada cual a su manera, tienen mucho que decir ante el sistema: un sistema que las quiere dependientes, calladas, modositas, gráciles, sedadas y vírgenes.

Lectura fácil es un libro corporal y húmedo, festivo y rabioso. Permite escuchar los gritos de los fervorosos debates de las asambleas, oler el cigarro al sol en la terraza, aspirar el aroma intenso de los orgasmos, sentir el sudor tras un porté, saborear la cerveza fría más barata del chino, escuchar los pitidos de WhatsApp de las nuevas entregas de la novela de Angels, escrita en lectura fácil. Una voz rompedora que invita a tomar la Bastilla de las propias vísceras, clamar contra la expropiación milenaria de almas y cuerpos disidentes, espachurrar el capacitismo y utilizar contra el sistema sus propios agujeros negros. Poner en valor el «échame una mano, prima», el orgullo de barrio, las redes vecinales, lo gratis y lo usado, el placer de no hacer nada, la estupidez del trabajo, la trinchera del boca a boca, la fuerza indisolublemente cosida a la rabia de las ninguneadas, las acalladas por electroshocks, encierros, jeringas, manualidades para pasar el rato, despolitización aséptica.

Lo poco que yo diga con entusiasmo no será capaz de resumir ni una pizca todo lo que puede cambiar esta novela. Nati, Patri, Marga y Àngels exigen dignidad desde los campos de batalla de sus cuerpos, contra la condescendencia y el paternalismo judicial, el peso asfixiante del estigma y la hegemonía de una ciudad rendida al dinero y a la perpetuación eterna del statu quo. Por las rendijas del sistema, que siempre las hay, las cuatro primas encuentran amistad, lucha, carcajadas, placer, ganas, liberación. Lectura fácil es una luciérnaga con ganas de bailar pogo en un mundo de mierda que se queda sin luces. 

Imagen de portada | Flickr

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