Infancia y oniria

Mine-Haha Literaturbia

«El camino directo a la perversión pasa por la inocencia más absoluta»

Dice Rilke que la única patria es la infancia, Carlos Salem que ésta se parece mucho más a un campo minado que a un jardín bucólico. Terror, extrañeza y una hermética burbuja salpican de lleno los primeros años de la protagonista de Mine-Haha, o de la educación física de las niñas, una novela corta de Frank Wedekin escrita en 1899 y rescatada con una bonita edición por Alpha Decay. Mediante tintes surrealistas, escritura limpia y sencilla y una voz muy personal, el transgresor autor alemán escribió estas líneas durante una breve estancia en prisión por un delito de injurias contra el emperador austriaco.

La historia comienza con una anciana, Helena Engel, quien entrega un manuscrito a un vecino antes de arrojarse por la ventana de un cuarto piso, un compendio de papeles donde descansan las peculiares memorias de su infancia, transcurrida en un riguroso orfanato mixto donde las jóvenes consagraban su existencia al teatro, la danza o la gimnasia. Desde que comenzamos la lectura descubrimos que no es oro todo lo que reluce, y que tras las paredes del hospicio laten la crueldad, el aislamiento y una extravagante gestión de las emociones e instintos primarios, guiada de forma jerárquica por los estamentos superiores de la institución.

Mine-Haha no es lo que parece, y en sus perversos secretos, la sutileza de sus emociones y su fría disección del recuerdo reside su encanto. Su formato humilde y conciso, astutamente disfrazado de fábula o relato infantil encubre una historia de sometimiento, pulsiones viscerales y carga sexual que se anticipa con creces a la corriente expresionista de vanguardia que dos décadas después tendría su apogeo en Alemania, así como a múltiples elementos del arte surrealista posterior.

Así, nos sumergiremos de lleno en el ambiente del orfanato y en la implacable disciplina que rige la rutina diaria de un conjunto de doncellas destinadas a crecer sin saber, a desconocer el magnetismo y la revolución que un día sacudirá sus cuerpos. Consagradas a bailar, practicar ballet o preparar piezas teatrales cuyo sórdido subtexto ignoran por completo, la vida de la protagonista y sus compañeras discurre entre la soledad, el desconocimiento, la curiosidad y la desconexión absoluta con el mundo exterior.

Parece increíble que más de un siglo atrás, un autor tan fabuloso como Frank Wedekind haya logrado componer con semejante perspicacia un cuento de hadas tan grotesco, agudo e inquietante, que de seguro los hermanos Grimm aplaudirían si levantasen cabeza y que hoy haría las delicias de autores mágicos como Haruki Murakami o cineastas oscuros como David Cronenberg. ¿Qué sucedía realmente -y qué no lo hacía- tras los muros silenciosos del hospicio? ¿Puede la perfección de la infancia congelarse en una cápsula hasta que su estallido es inevitable? ¿Es capaz una belleza cegadora de corromper la inocencia más absoluta?

Abran Mine-Haha y averígüenlo.

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