Esta vida no es la mía

Sam Pink la dieta de los No Hola

Creerás que esta no es tu historia, pero sigue leyendo. ¿Te suena? La de un chaval de Uptown Chicago que trabaja como dependiente en unos grandes almacenes, come comida enlatada, pasea por las calles de cemento y carece de días libres. No future, sin sueños, sin aspiraciones. Conservar el salario mínimo, pagar el alquiler de su minúsculo apartamento, charlar de vez en cuando con su ex novia -única amiga-, aburrirse, intercambiar diálogos sin peso con compañeros de trabajos, preguntarse si esto es todo, medirse la polla, regocijarse en su propio fracaso. Cosas de las ciudades tan llenas que te hacen sentir aún más solo, efectos secundarios de la sociedad mecanizada y del hipercapitalismo salvaje. Vivir con los ojos puestos en ninguna parte.

Escrita en segunda persona -porque no lo olvides, ese protagonista eres, podrías o acabarás siendo tú, según la prosa escueta, imperativa y ácida de su autor-, La dieta de los No Hola, novela traída a España por la editorial Alpha Decay está firmada por un joven Sam Pink, que abre en canal a nuestra generación ni-ni, la de los seiscientos euros al mes, la de la precariedad laboral y las ambiciones desmoronadas, la que engulle la televisión como zombies, la que se siente triunfal en esa aceptada derrota cotidiana. La que come, respira y duerme, pero no ama, no siente y no padece.

La dieta de los No Hola es una autopsia en vida de nuestra generación, la de los tardo-ochenteros o los nacidos a comienzos de noventa. Un puñetazo sobre la mesa, la acidez en el estómago, la cansina deriva de cualquier veinteañero inteligente y asfixiado por un trabajo de mierda, del que depende para seguir subsistiendo, malviviendo, ocupando un hueco impersonal de la cadena de producción. Sam Pink, comparado -y no hay mejor elogio- con las primeras obras, tan deliciosas como perversas, del transgresor Chuck Palahniuk, aderezado con pinceladas estéticas de la generación X, deconstruye nuestra mente con sorna, valiéndose de párrafos cortos y escuálidos, y atreviéndose a utilizar esa escasa y valiente segunda persona del plural.

Si te hace reír, el sarcasmo es lo que nos queda. Si te aburre, recuerda la desmotivación que sentías en tu último trabajo temporal colocando cajas, doblando ropa, atendiendo las peticiones de niñatos insoportables o sirviendo hamburguesas precocinadas con la misma sonrisa robótica. Si te contagia el desencanto ya sabes, somos la generación de los desheredados. Si te desalienta, continúa por la carrera de fondo de su rutina. La dieta de los No Hola es rupturista, es irónico, es atrevido y sobre todo, es una crónica descarnada de nuestros días envuelta en un formato punzante y jugoso.

¿A qué estás esperando? Sumérgete en la radiografía de tu miserable vida. Llora, ríete, abre una bolsa de patatas marca blanca, mira el ordenador con ojos vidriosos, manda otra vez ese currículum al que probablemente no te respondan. Piérdete por Uptown Chicago. Porque aunque no te haga ni pizca de gracia, todos somos el protagonista.

NOTA: 7

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