Tu sangre por mi tripa | Reseña de Cuerpos malditos de Lucía Baskaran

Tu sangre por mi tripa | Reseña de Cuerpos malditos de Lucía Baskaran

“Hay una grieta en todo, así es como entra la luz”. Leonard Cohen

Después de la memorable y agridulce Partir (Ediciones Polares, 2016), Lucía Baskaran regresaba a las librerías con Cuerpos malditos, una segunda novela todavía más incisiva, plástica y rotunda que su predecesora. Su protagonista es una viuda de tan solo 28 años que debe lidiar con el duelo de la pérdida de su marido, volver a zambullirse en la vida cotidiana y enfrentarse a fantasmas familiares, recuerdos asfixiantes, impulsos voraces que devoran sus entrañas o dolorosos lastres de su pasado, marcado por la aparición del deseo, el desengaño o la sensación de desamparo.

Cuerpos malditos se lee, si se puede, del tirón. No hay forma posible de despegar la vista de su historia hambrienta, tan dura y tan afilada como un gancho del que suspender tus propias vísceras en la carnicería, una obra que reconcilia y a la vez escuece, que aprieta pero no ahoga, que sube la bilis y devuelve el alma a los órganos, tan olvidados a veces por sus dueñas.

Una novela que pone sobre la mesa tantos temas invisibilizados y universales en la vida de las mujeres: el gaslightning y los abusos, las complejidades, recovecos y puntos ciegos de las relaciones intrafamiliares, la vergüenza y la inhibición del propio deseo, la línea fina entre el dolor y el placer como vías para escapar del cuerpo y quedarse en blanco, el descubrimiento de la sexualidad propia, la adolescencia escarpada, la masturbación, el bullyng, el peso del entorno en las decisiones propias, concebirnos a través de las miradas del resto, afrontar la pérdida en una sociedad frívola y sorda.

Cuerpos malditos tiene cucharadas de ira, lujuria, frustración y rabia y en medio, todo lo que hacemos para hundirnos en la mierda o asomar la cabeza a por otra bocanada de aire. Como anuncia su nombre, así se siente su protagonista. Proscrita, manoseada, sucia, fuerte, triste, alegre, deseante, furiosa, a veces ajena y otras tan suya. Deja que tu cuerpo también baje al fango y pruebe este mordisco.

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