Maratones, faros y amigos para siempre | Entrevista a 72 kilos

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Sus viñetas tienen algo de primitivo y de infantil, como un videojuego arcade o una postal en formato Polaroid que te arrastra a los mejores veranos de tu infancia, a la primera vez que completaste una maratón chorreando sudor y te pareció que el horizonte era tuyo, a las promesas de sangre con tus amigos en una playa vacía, a las cosas que no dices en voz alta pero sabes de sobra, a tus canciones favoritas, a saber pedir perdón, a engullir bien fuerte los recuerdos. 72 kilos es curiosidad, ternura, superación y nostalgia contadas con un montón de colores crepusculares.

Bajo este pseudónimo, hoy conocido por miles de personas que se sienten conmovidas por sus creaciones vertidas en redes sociales como Twitter, Instagram o Facebook, Óscar Alonso lleva más de diez años publicando una viñeta diaria sin perder fuelle. Aunque en un principio comenzó relatando con dibujos sus primeros pinitos calzándose las zapatillas de correr y su reto para adelgazar veinte kilos, su colección de creaciones nos habla de cosas universales, sencillas y especiales, capaces de tocar la fibra sensible de cualquiera sin postureo ni misterwonderfulismo. Hablamos con él del particular universo que ha creado, de sus proyectos presentes y futuros o el imaginario tras sus bocetos. Con ustedes, 72 kilos.

Lo primero es la presentación de rigor: ¿qué hay de Óscar Alonso en 72 kilos y viceversa?

Es prácticamente lo mismo. Menos los enfados que tengo y la rabia que me producen ciertas situaciones injustas. Y viceversa, igual. Sobre todo, las ganas de no rendirse nunca.

¿Dónde, cuándo y cómo surgió la idea de comenzar tus viñetas?

Unos amigos me dijeron que no era capaz de bajar 20 kilos en un año. Eran 20 kilos que me sobraban, así que decidí que sí lo conseguiría. Empecé un 1 de enero de 2008 a dibujar una viñeta diaria sobre esa apuesta. Cuando lo conseguí, decidí quedarme el nombre de 72 kilos como firma para cualquier proyecto que viniera: también sería difícil, también implicaría esfuerzo diario y también lo conseguiría.

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Pensando en cualquier dibujante o artista plástico, uno de los puntos más importantes es la personalidad gráfica. Al igual que Flavita Banana, Maitena, Eneko o Paco Catalán, por poner un puñado de ejemplos dispares, son fácilmente reconocibles a simple vista. La tuya, sin duda, también lo es. ¿Cuáles crees que son las raíces de un éxito tan grande por parte de tus viñetas?

No lo sé muy bien. Igual es que son mensajes muy sencillos pero que están contados con otras palabras. Igual son los colores, o que alguien famoso las está publicando y me está ayudando a crecer. Yo tampoco me lo explico. Está siendo una sorpresa todo esto.

Vivimos en una época rabiosamente visual y las redes sociales han hecho un paradigma del dicho de “una imagen vale más que mil palabras”, pero ¿cómo es el proceso creativo detrás de contar una historia al día que se clave en la memoria o toque la fibra sensible de los internautas?

Intento que el proceso sea lo más sencillo posible. Desde la ideación hasta la realización.
Escribo las ideas en mi ordenador, en el móvil o en un cuaderno. Escribo cientos de ideas, no exagero. Casi todas son malísimas. Después de unos días reviso esas ideas y rescato las más potables para construir algo con ellas.

Cuando ya he elegido algo que me gusta, lo dibujo en mi libreta y lo coloreo con photoshop. Lo subo con el móvil y contesto a la gente con el móvil. Trato de no liarme con mucha tecnología ni con muchos artefactos. Tiene que ser un dibujo limpio, pero puede contener errores. Lo importante es la idea.

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Naves alienígenas que intentan comprender nuestro mundo, montañas de colores desde las que charlan amigos, faros, atardeceres con cielos degradados y sobre todo, diminutos monigotes que se hacen preguntas o reflexionan de una forma filosófica y tierna sobre la vida. ¿Crees que ya tienes una simbología propia? ¿Cómo ha sido de consciente o inconsciente la selección de estos elementos?

Es totalmente inconsciente. Desde los personajes hasta los paisajes. El marciano era un dibujo que hice hace mucho tiempo cuando viví en Nueva York, las montañas puede que sean las montañas que rodean las casas donde he vivido, los atardeceres son tan raros que no sé de dónde los habré sacado… Los faros me encantan porque son construcciones que hablan. No lo sé, es todo algo que va saliendo, un día lo dibujas y te gusta el resultado.

¿A qué artistas gráficos de nuestro tiempo admiras profundamente?

Christoph Niemann, Mariscal, Javier Jaén, Flavita Banana, Forges, Agathe Sorlet, Jean Jullien, Liniers, Montt, Tute, Lewis Trondheim, Mark Conlan y Catherone Meurisse.

En el ámbito de la narrativa, ¿eres lector asiduo de cómics o de novelas? ¿Qué nuevas voces llaman tu atención?

Leo menos de lo que me gustaría. Sobre todo leo novelas y cuentos. Somerset Maugham y Ray Bradbury son mis favoritos. Aunque no son especialmente nuevas voces.

Comenzaste usando el dibujo para narrar tu proceso personal de pérdida de peso y seguiste con tu afición al deporte narrando tu emocionante preparación -y participación- en la maratón de Tokio, colaborando con revistas especializadas como Runner ́s World. ¿Cuál es el vínculo que estableces entre arte, motivación y deporte?

El vínculo es total. El arte es algo tan abstracto y tan inabarcable que hay que intentar no entenderlo, ni cuando creas ni cuando lo disfrutas. El deporte también es difícil de entenderlo más allá de la competición. Enfrentarse diariamente a objetivos es algo que requiere una motivación especial.

Para mí, dibujar y correr son dos ámbitos gemelos. Te esfuerzas y llegan los resultados en el largo plazo.

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¡Con lo bonito que es el verbo “correr”!, dijiste en referencia al running. ¿Sobran frases de Mister Wonderful y falta más motivación socarrona y realista, que baje a la carne de las personas con michelines, pereza y hábitos no siempre saludables?

Creo que hay espacio para todo. Desde las frases más inocentes hasta el humor más negro. Lo importante es estar abierto a cualquier posibilidad. A mi me encanta el aspecto motivador, pero entiendo que tiene que haber fases en las que te expreses de otra manera, porque si no, dejas de motivar.

También publicaste el libro “Un millón de runners”, dirigido a “gente que corre. Gente que necesita una gota de ánimo para empezar a correr. Gente que no se cree que correr es el antídoto de muchas cosas malas. Gente curiosa. Gente que haya sonreído alguna vez”. ¿Te llegan muchas historias en primera persona de gente a la que has empujado a calzarse las zapatillas deportivas y lanzarse?

Sí, estoy abrumado con las historias que me cuentan. Me gusta mucho leer y escuchar lo que me cuentan cuando saben que yo dibujo. Hay historias increíbles, de superación, de derrota, de valentía, de amor, de tristeza, de ira, de venganza, de esperanza… Podría escribir otro libro solo con todas esas historias que me cuentan.

¿Existen paralelismos entre la constancia y la fuerza de voluntad de salir a correr y de sentarse en el escritorio para ponerse a dibujar?

Sí, totalmente. Como hemos hablado antes. Creo que son gemelos estos dos mundos.
La clave es saber qué tiempo le puedes dedicar al día y hacerlo siempre que puedas.
Mejorarás, sufrirás, aprenderás y llenarás tu vida con algo que te gusta. Además, tanto uno como el otro, son buenos para la cabeza.

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Algunas de tus viñetas más tiernas son las que cuentan con la participación estelar del trazo de tu hijo Telmo, de tan solo dos añitos. ¿Cómo se te ocurrió que formase parte de tu proceso creativo?

A Telmo le gusta dibujar y pensé que esos dibujos valdrían para ilustrar esta parte de nuestra relación. Aunque ahora son divertidos, creo que con el tiempo irán contando quién es él de forma más concreta. Dentro de unos años, si seguimos dibujando, será lo mejor que haga en mi vida.

¿Te imaginas que lo hago todos los meses hasta que cumple 18 años? ¡Me muero de ganas de leer esa recopilación!

También has usado tus creaciones para visibilizar iniciativas como la carrera de las ciudades contra el cáncer de páncreas. ¿Cuál es el poder que tienen hoy en día las redes sociales para poner sobre la mesa problemáticas sociales?

El poder es inmenso. Soy consciente de los miles de personas que me siguen y de la capacidad que tengo de generar algo positivo. Mi intención siempre es ayudar, porque me considero un privilegiado con lo que tengo. A veces no puedo llegar a todos los sitios donde me gustaría, pero es lo mínimo que puedo hacer.

En tus ilustraciones existen muchos temas comunes, como la importancia de los recuerdos, las decisiones, el perdón, la curiosidad y también la música. ¿Qué grupos y artistas llevas en los cascos cuando sales a correr?

Me encanta todo tipo de música. Actualmente estoy escuchando mucho Olafur Arnalds, José Gonzalez, The War on Drugs, Tote King, Robe Iniesta, Natalia Lafourcade, Wilco, Phoenix, The Dø, Sufjan Stevens, Ludovico Einaudi y Ryuichi Sakamoto.

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Llevas más de una década publicando una viñeta diaria en tus redes sociales y en la web de 72 kilos. ¿Cómo ves los próximos diez años en esta aventura?

¡Qué vértigo! No lo sé. Me gustaría pelear para poder vivir de mis ideas y mis dibujos. Que todo esto siga siendo igual de divertido que ahora, que es un hobbie.

Y para terminar, una viñeta a la que le tengas especial cariño.

Dos: La primera, la que dibujé el 1 de enero de 2008. Por ser la primera y porque no tenía ni idea de qué pasaría. Otra, la que dibujé al poco tiempo de nacer mi hijo, en noviembre de 2016. Decía algo así como: “Futuro, ven despacito, que esto es increíble”.

 

 

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