La amistad como sacramento | Reseña de Tan poca vida de Hanya Yanagihara

Reseñamos Tan poca vida de Hanya Yanagihara

Cuando terminas la última página de Tan poca vida, la brillante novela de Hanya Yanagihara, publicada en España por Lumen con una edición exquisita, y la abandonas en la estantería junto al resto de tu colección de libros, ya no eres la misma persona. Y probablemente, algo en tu interior se haya desprendido. Como una muñeca rusa, los cientos de historias que componen uno de los retratos más crudos de la década, se han volcado dentro de ti, abandonando un poso de dolor que tal vez desaparezca o se atenúe con el paso de los días. Porque Tan poca vida, pese a su título -en el fondo, tremendamente acertado-, son muchas vidas. Ángulos, aristas, huecos, esquinas, laberintos, miradas cómplices, silencios y cortes. Sobre todo cortes.

Atravesando las existencias de sus protagonistas desde su adolescencia, Yanagihara nos arranca del sofá para, a lo largo de las más de mil páginas del libro -y sin que sobre ni un solo párrafo-, explorar los lazos humanos, la sexualidad masculina, el tira y afloja entre la pena o la nada, que diría Faulkner, las raíces de la culpa y la amistad como sacramento, como anzuelo para sujetarnos a un mundo caótico, cambiante y despiadado, cuyas almas solitarias solamente pueden rastrearse por dentro.desde la cercanía, la espera y el paso del tiempo.

Willem, JB, Malcom y Jude se conocen antes de llegar a la veintena, comparten inquietudes, gestos, dolor y sobre todo, una conexión que trasciende lo cotidiano, que entra por los poros y pervive a lo largo de las décadas. Un talentoso actor con el que compartir silencios, un artista egocéntrico que captura momentos y se radiografía a si mismo mediante cuadros y fotografías, un arquitecto que encuentra la calma imaginando edificios en su cabeza y un abogado brillante con un pasado que supura como una herida abierta. Junto a ellos, hallamos a otros personajes relevantes en sus vidas como Andy, Harold o Julia, que completan el mapa de relaciones en torno a Jude, uno de los mejores personajes paridos por la narrativa contemporánea. 

Tan poca vida, una oda a la belleza estridente del dolor

Tan poca vida es una rara avis muy especial de la narrativa actual, una joya en carne viva que baja de la cabeza para anudar la garganta, asaltar el estómago, vibrar en las manos, bombear el corazón. Larga, detallada, intensa y profundamente psicológica, la novela de esta autora hawaiana describe las relaciones sin etiqueta y los hondos sentimientos -amor, fatiga, ira, celos, compasión, ternura, aversión, rabia, complicidad- en torno a los cuatro protagonistas, a lo largo de varias décadas. Años en los que su identidad se forma y sus caminos, aunque se bifurcan por diversos senderos, se entrelazan entre si, como soldados por estaño.

Centrándose en Jude como eje, un personaje poliédrico, complejo y lleno de aristas, marcado por la enfermedad, el pasado y el trauma, Yanagihara nos traslada a uno de los ejercicios más crudos en torno a la intimidad masculina, celebrando los milagros constantes -aunque nunca eternos- de la existencia -la amistad, el amor sin fisuras, las familias voluntarias, la magia curativa de los gestos– y rascando sobre las superficies y las atmósferas cotidianas para trasladarnos a las penas más hondas, las cicatrices más feroces, el dolor físico y mental omnipotente, el desaliento que puede cabalgar a nuestro lado, las victorias cotidianas.

Por una parte, Yanagihara es capaz de llegar más lejos que la inmensa mayoría de mortales en la reconstrucción milimétrica de los recuerdos, el detallismo que asusta, la nitidez de las pequeñas cosas que cambian el rumbo de una vida -un salto desde el tejado, una decisión infantil, una elección universitaria, el olor de una camisa, un plato compartido de hummus, un simple roce de manos-, mientras que por otra, consigue hacernos reflexionar sobre el paso del tiempo, los vínculos que prevalecen como ascuas brillantes, los errores que no pueden cambiarse, los años felices que no regresan, la complicidad como antídoto, el trabajo como evasión, la comprensión humana como lenguaje superior a la eficacia de las propias palabras.

Tan poca vida no es estridente en el tratamiento de sus temas más escabrosos -la enfermedad, el abuso infantil, la culpa y el sexo, la muerte y el deseo-, sino como la vida misma. Brutal, contundente, llena de sangre, imparable, caustica, hermosa, desbordante. Mundana, poética e insoportable. Al asemejarse tanto a la propia vida, es imposible capturar en una reseña el universo que construye, ni el poso permanente que deja, ni los aromas a infancia plagada de minas, derrota y ternura infinita que encontrarás entre sus páginas. Porque esta novela deja en el aire, como toda obra maestra, muchas más incógnitas que respuestas, dibujando un atlas sobre la imperfección humana, la pérdida y las conexiones entre personas que sobreviven a incendios y tormentas. Jimmy Hendrix decía que “solo tienes lo que te cabe en la funda de la guitarra” y una frase anónima reza que “solamente tenemos aquello que no podemos perder en un naufragio”. Merece la pena naufragar y empaparse hasta las trancas.

3 thoughts on “La amistad como sacramento | Reseña de Tan poca vida de Hanya Yanagihara

  1. Tensy Gesteira

    Wow!!! Qué bonita reseña a la altura de uno de mis libros favoritos. Me ha gustado muchísimo, y para mí ha traspasado las barreras de la literatura. ¿Cuánto tardaré en olvidar a Jude y a sus amigos?

    1. Literaturbia

      ¡Muchas gracias Tensy! Coincido totalmente contigo, ¿qué será de nosotras sin Jude y sus amigos? Sin duda, un libro que deja un poso inolvidable :)

  2. Ana Blasfuemia

    He visto reseñas que han moderado un poco mis ansias de leer este libro, aunque ya desde que lo adquirí decidí dejarlo reposar en la estantería, esperando su momento. Me ha alegrado leerte porque pese a comentarios que he visto que rebajaban las expectativas, tengo para mí que este libro me va a crujir de lo lindo.

    Un abrazo

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