El despertar, un poema de Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik Literaturbia

Reflexionar acerca de los límites del lenguaje, la violencia, la profundidad o el desarraigo existencial son algunas de las claves de la prolífica obra de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972), uno de los mejores ejemplos de la corriente surrealista y a la que hoy dedicamos nuestra sección Poetizando.

Oscura, eléctrica y obsesionada con la extrañeza de ser en el mundo, las asociaciones de Pizarnik mezclan la angustia con la lucidez, secuestran al lector y expresan el sentimiento de la inadecuación del lenguaje para expresar el mundo y el contraste entre la realidad y nuestros deseos profundos. Su fuerza extraordinaria, su maestría lírica y su tenacidad hacen de esta mujer uno de los referentes más importantes de la poesía del siglo XX.

La obra de esta autora está recorrida por temáticas como el sentir trágico, el miedo a la locura o a envejecer, sus experiencias íntimas y las referencias a muchos autores, como sus admirados André Breton, Antonin Artaud o Julio Cortázar. Citando sus propias palabras: “Heredé de mis antepasados las ansias de huir. Dicen que mi sangre es europea. Yo siento que cada glóbulo procede de un punto distinto. De cada nación, de cada provincia, de cada isla, accidente, archipiélago, oasis. De cada trozo de tierra o de mar han usurpado algo y así me formaron, condenándome a la eterna búsqueda de un lugar de origen.” Para que entres en contacto con su oscuridad, sus ansias de salvación y su original tratamiento de la lengua castellano, te dejamos con El despertar, un poema de Alejandra Pizarnik. ¡Que lo disfrutes!

El despertar 

a León Ostrov 

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay mounstros
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Còmo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

(Un poema de Alejandra Pizarnik)

Imagen: Abraham Manuel Francisco

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